jueves, 9 de mayo de 2013

CÓMO PERDER ESE NOMBRE QUE TE HA ACOMPAÑADO DURANTE TANTO TIEMPO EN MENOS DE TRES MESES.

No hay nada como que tu hija empiece a ir al cole (de mayores) para que, antes de fin de curso, hayas perdido el nombre que tanto tiempo te ha acompañado.

Empiezas por saber el nombre del más chungo de la clase, porque es el nombre que más suena cuando vas a dejar o a recoger a tu descendencia en su respectiva clase. Generalmente además, dicho nombre suele venir acompañado de su respectivo apellido, para que no haya duda ninguna. El niño o la niña en cuestión, se habrá ganado por méritos propios que todas las mamás, papás, abuelas, abuelos y demás recogedores de niños en el cole, se hayan aprendido su nombre en cuestión de una semana o dos a lo máximo. Y ello conlleva que su madre, padre o lo que sea que lo recoja, deje de tener nombre propio y empiece a ser la madre de Menganito, el padre de Zutanita...

Lo siguiente que se empieza a conocer son los nombres de los amigos de tus hijos. La amistad es un concepto demasiado valorado entre los adultos. Los niños pasan del amor al odio por un simple robo inocente de desayuno o por un halago a destiempo de la profesora hacia el dibujo abstracto que ha hecho ese que ha sido tu amigo hasta hace cinco minutos. Por ello, nunca tienes del todo claro quién sí es amigo y quién no es amigo de tu churumbel. Se aprende por un contínuo ensayo/error: "¿Qué tal en el cole? ¿Has jugado con Pepi?", "No, ya no es mi amiga, n'ha quitao mi bocadillo de chorizo", "¿Con quien has jugado hoy en el patio?", "Con nadie". Y mis ojos se llenan de lágrimas imaginándome a mi pobre artista arrinconada en el patio, bajo la sombra de una encina... "No hemos salido al patio porque ha llovido, hemos visto unos dibus..." Vale, soy mema melodramática por naturaleza.

El verdadero estrés comienza cuando la niña es invitada al primer cumpleaños de un compañero de clase. Es emocionante. Paso 1: comprar el regalo y tratar de explicarle a tu hija que no, que el cumpleaños es de su amiguito y ella no tiene por qué recibir otro regalo y que es la última vez que se me ocurre preguntar su opinión en una juguetería para que, entre las dos, decidamos el regalo que llene de luz y de color la vida de su amiguito. Paso 2: llega el día en cuestión y el momento de vestir a la niña para el evento y la encrucijada entre monísima de la muerte y como ella quisiera ir. Desde luego, esta vez no me pilla de pardilla y ni pregunto, se pone lo que yo le diga, que para eso soy su madre y punto en boca. Dos horas después encuentro algo que me parece perfecto para ir hecha un pincel y que le permita saltar, brincar, bailar, subirse a cualquier cosa y sobre todo lanzarse el zumo de naranja y la tarta de chocolate por la pechera. Y todo ello, sin que yo sufra un ataque al corazón porque la prenda en cuestión me haya costado un ojo de la cara. (Mención: gracias señor Ortega, sus tiendas para niños me ha salvado la tarde).

Paso 3 y definitivo: llegada al evento y presentaciones "Hola, ¿qué tal? Soy la mamá de Menganito", "¡Anda! Encantada de conocerte, yo soy la mamá de Zutanita." Y así se pasa la tarde, entre risas, ganchitos, sandwiches de nocilla, cánticos mil y momentazo tarta con ventitantos niños soplando escupiendo para apagar la vela. Tres horas después de la llegada, toca recoger a tu hija entre la montonera de niños sudorosos y pringosos con caras de zombies derrotados tras la batalla.

Te vas a casa y tras el maratón cumpleañero, te acuestas en la cama y piensas "¡Qué maja la mamá de Pepi! ¿Cómo se llamará?" Y te duermes soñando con cumpleaños donde cada madre lleva una identificación con su nombre y el de su hijo y todo es más fácil y dejas de soñar porque estás cansada hasta para eso. (Mención e idea: identificaciones cumpleañeras con preciosas ilustraciones de blogueras consagradas como la NSN o la madre novata... ya lo visualizo...).

Feliz jueves de esta laaaaarga semana.

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