miércoles, 10 de julio de 2013

Manías y otros desvaríos.


Solo hace falta un segundo para darnos cuenta de que había algo que ignorábamos que fuera de tal manera y que, sin embargo, lleva acompañándonos toda la vida. A mi me ha pasado hace poco. Me he dado cuenta de que mi gusto por el orden llega a extremos insanos, que pueden afectar a mi artista en su crecimiento como persona feliz, alejada de manías innecesarias.


Bien es cierto que desde siempre he tenido mis manías. Pero vamos... cosas normales... cosas que le pasan a todo el mundo. Llegar a casa de mis padres e instintivamente abrir la nevera (aún sabiendo que no voy a coger nada), doblar el trapo de la cocina cada vez que lo uso en vez de dejarlo hecho un asquito en un rincón de la encimera (por si lo lees, sí, eres tú quien lo hace, a ti mismo me refiero) o hacer la cama por las mañanas con la ventana abierta, aunque sean las siete de la mañana de un gélido día de enero. Pero son cosas que no afectan a nadie, ni siquiera me había parado a pensar que lo hacía, hasta ahora mismo que he decidido escribir esta entrada.

Sin embargo, el orden me gusta hasta extremos preocupantes. Y esto sí que empieza a afectar al desarrollo normal de mi pequeña artista. Ella está forjando su personalidad y creo que no es necesario inculcarle mis pequeñas manías desde tan temprana edad. El caso es que hace un tiempo hemos conocido una cafetería restaurante muy cerca de donde vivimos que tiene una zona pequeña dedicada a los niños con colchonetas, un tobogán y agujeros varios por donde trepar y encasquillarse (me agobian un poquito estos sitios, la verdad). A ella, sin embargo, le gusta bastante y durante los meses de invierno, hemos ido en más de una ocasión (no sé si os acordáis, puede que el calor de los últimos días nos haya ayudado a olvidar, pero ha sido invierno hasta hace 15 días).

El caso es que uno de aquellos días, nos encontrábamos en la citada cafetería. Los peques estaban ya saltando, subiendo, bajando, trepando, gritando... agotando la energía en el parquecillo en cuestión. Trataba de encontrar a mi hija entre la marabunta de niños sudorosos y gritones, pero no, no estaba dentro. Sustillo en primer lugar, hay una puerta no muy lejos y hay que andar con mil ojos. Me acerco a la entrada y ¡zas! bofetón de realidad en toda la cara... antes de entrar a jugar con el resto de niños, mi pequeña estaba colocando los pares de zapatos que el resto de niños había dejado desperdigados por el suelo. "Esto es por mi culpa... Va a ser una maniática por mi culpa..." El sentimiento de culpa me invadió y mi instinto me llevó a pensar que la terapia de choque sería lo mejor para ella, para la dos. "¡¡Levanta cariño, entra a jugar con el resto de niños!! No te preocupes por los zapatos, ya recogerá cada uno los suyos" a la vez que daba un par de pataditas a los zapatos ya colocados por ella, con un nudo en la boca del estómago, por desordenar algo que estaba tan bien colocado. Me miró con esa cara de no entender nada que a  veces pone ella. Entró a jugar, convencida de que algún ser extraterrestre estaba poseyendo a su madre, pero sin preguntar más, por si acaso.


No sé si le sirvió de mucho la terapia o no. No sé. A mi sí. Me encuentro mucho mejor. Esta semana mi artista tiene la suerte de estar en la playa con los abuelos disfrutando como lo que es, como una enana. Y nosotros aquí, pasando una semana de novios, que de vez en cuando viene muy bien. Seguimos currando, pero tengo la intención de aprovechar para hacer muchas cosas por las tardes, que no hago cuando está ella porque no me da tiempo. Por ejemplo, ayer ordené la despensa y la cocina y hoy voy a ordenar su armario y descartar la ropa que ya no le valga. Por último, pediré cita con algún especialista en manías, que me ayude con lo mío.

4 comentarios:

  1. me temo que aunque lo intentes puede que no consigas que la artista no copie alguna de tus manias,, yo creo que es inevitable, pero no sufras tampoco es tan malo,pues estas han pasado ya de unas pocas de su familia y no estamos tan mal ?o si ¿ jajaja , además ya apunta maneras ,,,,,

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    1. ¿Qué no estamos tan mal? Por favor, ¿eh? Vamos a intentar ver la realidad un poquito... jajaja... ¡es lo que hay!

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  2. Me encanta tu artista, me encantas tú... no intentes cambiar. Mira que la psicóloga de la guarde nos pregunta: ¿el vuestro tiene conductas de imitación, limpia la casa...? Y tenemos que confesar: no... pero es que tampoco nos ve hacerlo a nosotros...
    ¡Mejor que sea ordenada!
    Un beso

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    1. ¡Ayyy Ruth! Que cada uno tenemos lo nuestro es más verdad que que estamos aqui... jajajajaja... pobres hijos nuestros, ¡la que les ha caido encima!
      ¡¡Tú sí que me encantas!! ¡Ah! Y tus peques tiene mucho bueno que imitar en vosotros dos (limpiezas y órdenes aparte, que eso es totalmente una tontería y un rollo absoluto). Un besazo enooooorme.

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