martes, 8 de octubre de 2013

¡¡A cocinar se ha dicho!!


En los tiempos que corren no está bien perder clientes. Bueno, ni estos tiempos ni en ningún otro, bien sea pasado o futuro, pero especialmente cuando se mira con lupa en qué se deja uno la pasta que tanto cuesta ganar, es importante cuidar a esas personas que han decidido gastársela en cualquiera de los servicios que se ofrecen. La experiencia de tener negocio propio, ayuda a ver este tema con una perspectiva mucho más clara.

Pero hoy no hablo de mi experiencia como empresaria, porque además no lo soy. Trabajo en la empresa familiar, pero como emprendedora mi experiencia por el momento es nula. Sigo aprendiendo de aquellos con los que trabajo, para decidir si algún día me lanzo o no hacia mi propia aventura empresarial. Pero ese es otro tema.

Esta semana tenía pensado hacer una entrada sobre el regalo que hicimos a nuestra pequeña en su cuarto cumpleaños. Este año, teniendo ya una mujercita en casa que interactúa un montón con nosotros y  a la que le encanta aprender cosas nuevas y se entusiasma con cada una de las ideas que le proponemos, teníamos que hacerle un regalo especial. Juguetes tiene mogollón y termina jugando con cualquier otra cosa, como me parece que hacen la gran mayoría de los niños.

Muchos fines de semana, aprovechando que el padre de la criatura es un verdadero artista en la cocina, se enfundan sendos delantales padre e hija y se pasan largo rato inventando y probando recetas con las que fastidiarme la "operación bikini", que he dado por perdida sin solución. Por ello, pensamos en regalarle un "Curso de Cocina para Padres e Hijos" que ofrecían en una tienda-escuela que ya conocíamos y que tenía muy buena pinta. Se trataba de una actividad que a ambos les encanta y que podían hacer juntos. Era, en un principio, una idea fantástica.


 Pero se estropeó. La organización del curso fue de todo menos organizada: empezó tarde; se alargó mucho más de lo que debía, impidiendo a mis chicos terminar de realizar todas las recetas, pues tuvieron que irse antes de que finalizara; no motivaron a los pequeños para que metieran las manos en la masa y se implicaran en la realización de las diferentes recetas, etc. Cuando me explicaron cómo se había desarrollado el curso, me dio muchísima rabia, pues no era precisamente barato y se trataba de un regalo para nuestra pequeña, que no había podido disfrutar como nosotros pensamos que debía haberlo hecho. La situación me llevó a escribirles un mail, quejándome por lo ocurrido.

No sé por qué, esperaba que me contestaran con un escueto mail, con una breve disculpa y alguna que otra excusa. Sin embargo, esta mañana he recibido una atentísima llamada por parte de la encargada de los cursos, exponiéndome las razones de la desorganización del curso, pidiéndome disculpas e invitándonos a participar con nuestra hija en cualquiera de los otros cursos que se van a llevar a cabo en la escuela. Me he llevado una grata sorpresa. Y espero poder probar cualquiera de los otros cursos que ofrecen, porque estoy segura que me quitará el mar sabor de boca que me ha quedado después de éste.

Esta entrada no es como me esperaba que iba a ser. No incluyo fotos de los logros gastronómicos de mi pequeña chef, pero pronto repetiremos y esta vez sí, esta vez incluiré fotos y recetas. No se me va a estropear sólo a mí la "operación bikini".

1 comentario:

  1. Pásate por mi blog, tienes un premio que recoger! Saludos
    http://yoiquieresermama.blogspot.com.es/2013/10/premio-liebster-award.html

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