lunes, 3 de febrero de 2014

POR QUÉ "TARDE" ES LA PALABRA QUE MEJOR ME DEFINE.

Aquellos cuatro que leen este humilde blog me conocen, por lo que saben perfectamente a lo que me refiero con el título de esta entrada. Pero como practicar la autocrítica es importate y además me gusta, desarrollemos el por qué "tarde" es la palabra que mejor me define.

Pongamos un ejemplo. Una situación puntual, que se ha convertido en rutina. Son las nueve y veinte y cinco de una mañana cualquiera. Las puertas del colegio han abierto hace unos minutillos y los padres van saliendo tranquilamente, saludándose, entablando alguna conversación seguramente muy interesante. Acaban de dejar a sus pichones en el aula correspondiente y se dirigen a sus quehaceres rutinarios. Un coche dobla la esquina a máxima velocidad. Si no a máxima velocidad, a aquella que le permite el oportuno atasco que se produce en las cercanías del colegio. Un grito rompe el silencio y la concentración de la pasajera que va felizmente en el asiento de atrás, admirando las montañas, los pájaros... "¡¡A soltarse el cinturoooooón!!". El mismo grito cada día. Corremos, saltamos, esquivamos, saludamos, corremos más, respiramos, suspiramos y por fin, nos separamos. Mi artista entra feliz de la vida en su correspondiente aula, viviendo en la ignorancia y pensando que lo normal es que ella entre en el aula cuando sus compañeros ya están dentro. Y yo, con una gota de sudor recorriéndome el rostro, me dirijo al coche, arranco y me pongo Rock FM bien alto e intento cantarme algo, para empezar el día con entusiasmo. Hasta que llega el verano, llevo las ventanillas bajadas y sigo escuchando la radio pero sin cantar, que tengo pudor y conozco mis límites.


Y la descrita, no es la única situación. También llego tarde cuando el "gran negocio" aparece ante mí. Me considero de carácter emprendedor, pero me quedo con el carácter y sin la virtud de dar pasos hacia delante. Cuando yo quiero ir, hay unos quinientos que han ido y han vuelto. Tengo la idea para el negocio, maquino mil formas y maneras de llevarlo a cabo, gestiono, calculo.... Hasta que en cualquier esquina me topo con el cartel: "Próxima apertura". Y hasta ahí mi idea. No hay demanda ni mercado para más. Hasta la próxima.

Y en las últimas semanas, me he dado de bruces con aquello a lo que también he llegado tarde: el deporte. Nunca ha sido mi fuerte. Nunca. De hecho, no hay reunión familiar en la que falte el cachondeíto acerca de mi habilidad para el baloncesto y la vergüenza de mi santa madre cada vez que me llevaba a los partidos de los sábados. Se distraía la pobre leyendo el periódico, intentando no levantar mucho la cabeza, para evitar ver el bochornoso espectáculo.

Pero siempre me ha gustado salir a pasear, salir al monte. Desde pequeña he ido con mi padre a la sierra y siempre he disfrutado mucho haciéndolo. De hecho, los Reyes Magos (que todo lo ven y son conocedores de todo, todito todo sobre nuestros gustos y aficiones), este pasado mes de enero nos regalaron a mi padre y a mí el kit completo para realizar "LAS CINCO PRIMERAS ETAPAS DEL CAMINO DE SANTIAGO DESDE RONCESVALLES". Son tan apañados estos Reyes, que se acordaron de mi intolerancia a olores ajenos e incluyeron en el regalo la reserva de un hostal u hotel diferente para cada una de las etapas. Aluciné pepinillos, o como quiera que se diga ahora y me emocioné mucho, muchísimo. Me emocioné tanto, que tardé menos de una semana en enfundarme mis nuevas zapatillas y lanzarme al camino. No al de Santiago, pero sí con el mismo ímpetu y la necesidad de sentirme bien entrenando para cuando llegara el momento.

¡Qué ilusa! No me acordé de que era tarde para semejante empresa y que mi cuerpo necesitaba un entrenamiento más pausado. Ahora mi rodilla me lo recuerda cada dos o tres minutos. Y ahora sé también que, si en todas las guías de EL CAMINO advierten sobre la peligrosa combinación de largas etapas y zapatillas nuevas, no es porque sí. Esta entrada debería incluir una imagen de la cara de la traumatóloga cuando le conté lo sucedido, pero me dio cosilla sacar el móvil, por lo que pudiera pensar más allá de lo que ya pensaba. En fin, me quedan dos meses y medio para recuperación total y entrenamiento. Ya veremos si llego tarde o esta vez consigo ser puntual.


2 comentarios:

  1. Querida madre de la artista, efectivamente he de decirte que el deporte nunca fue tu fuerte... pero ganas no te han faltado nunca. No me hagas recordar ese día de invierno en el que me dijiste: "Nere, esta vez sí que sí, ¡¡vamos a apuntarnos al gimnasio!!". ¡No me lo podía creer! Estaba entusiasmada, nerviosa, feliz... hasta que te vi allí a lo lejos del aparcamiento con esas mallas negras con falda a juego con la camiseta y la bolsa de deporte!!! Noooooo, por favor... ¡¡¡¡¡¡¡Barbie malibú se había apoderado de mi hermana!!!! Luego ya comprendí que se trataba de entusiasmo, el mismo que pusimos al entrar esa misma tarde en la sala de funky para darnos cuenta de que lo nuestro no era el baile moderno... Decidimos entonces meternos en las clases de kitboxing con el mismo resultado, y así fuimos probando una clase tras otra hasta que nos dimos cuenta de que definitivamente nosotras estamos hechas para tomarnos unas tortitas en el vips de la primera planta!!!!

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